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De Sicilia a Piedras Blancas

En el marco de las actividades de la Comisión de Patrimonio, entrevistamos a Don Carlo, vecino referente de Piedras Blancas.

Carlogero Fontana, más conocido como Don Carlo, es de origen italiano, pero en la década del '50 llega a Uruguay en donde se instala y vive hasta el día de hoy. Mantuvo una actividad constante en el barrio, convirtiéndose en un vecino referente.

Mi infancia fue un poquito complicada en el sentido de la guerra porque yo nací en 1927 en Sicilia y a los 9 años tuve que dejar la escuela porque a mi padre lo llamaron para hacer el servicio militar. Y tuve que ayudar a mis hermanos porque nosotros éramos cinco hermanos y yo era el mayor.

¿De qué trabajaba?
De campesino, de todo hacía. Vivíamos de eso.

¿A qué edad se vino a Uruguay?
Tenía 26 años. Tenía tres compañeros acá, amigos de allá (de Italia). Era ver qué es lo que pasaba en Uruguay porque no lo conocía. Nosotros uruguayo conocíamos a Schiaffino porque en aquel tiempo estaba jugando en Milan.

¿Y vino solo?
Si, solo.

¿Qué sabía de Uruguay?
No sabía que existía, de verdad.

¿Y cómo fue ese viaje? ¿Con qué expectativas vino a Uruguay?
Trabajar. Encontrar trabajo, pero el día que llegué, de noche, lo que hacía era llorar porque quería volver a Italia. Pero mis compañeros me decían “venga Carlo, que ésto, que lo otro” y me quedé. Me quedé encantado en el Uruguay.

¿Dónde vivió?
Yo viví en San Martín en el Cerrito de la Victoria. Mis compañeros tenían un apartamentito alquilado y me llevaron para allá.

¿Y cómo era el Cerrito en esa época?
Ah, precioso. Recuerdo que una vez, me mandaron porque en la esquina había un almacén y dicen “Carlo, ¿puede comprar un poquito de burro?" Burro es manteca. Y bueno como era cerquita voy a comprar el burro. Y ahí me atendieron, le pido un poquito de burro y una mujer contestó: “burro es Ud.” En la puerta estaban mis compañeros matándose de risa.
Y ahí viví un año, después compramos un almacén acá en frente (Av. José Belloni y Capitán Tula) que ahora es una herrería con cuatro compañeros y nos vinimos a vivir acá a Piedras Blancas.

¿Antes del almacén en qué trabajó?
Estaban poniendo el troley en Gral. Flores y empecé a trabajar ahí a hacer el pozo, bueno después conocí a una persona y me apunté en la fábrica. Trabajamos 1500 obreros, 1000 mujeres y después hombres. Entré a la fábrica y conocí a Alba, después nos ennoviamos. Bueno, empecé a hacer amistad, nos casamos, tuvimos tres hijos a partir de eso tengo muchos hijos y nietos alrededor de acá, del barrio, porque todos me llaman “nono”.

¿Cuándo se mudó a Piedras Blancas?
En el '54, a fines del '54. Después del almacén, fui a pasear a Italia, a ver a mi familia, fue la primera vez que volví a Italia, después volví muchas veces. Como nosotros dos trabajábamos, nos compramos la casita en Capitán Tula, compramos una casita con esfuerzo, con voluntad. Y toda mi vida estuve acá, cerquita.

Don Carlo es un vecino que mantiene una participación activa en su comunidad, participando de comisiones temáticas e integrando actualmente el coro “Floreciendo” y el grupo de teatro comunitario de Piedras Blancas. Sobre su vínculo con el Centro Comunal Zonal 10 explica:

Me incorporé en los noventa y agarré para el canto. Acá en este salón (CCZ10) formamos un grupo de abuelos. Y entonces está la compañera Rayito, que era la número uno de acá y fue la primera Presidenta del Concejo Vecinal, después conocimos a Corina que era la Directora de la Biblioteca Batlle. Primero hacíamos teatro, teatro entre nosotros. Después la Secretaría de la Intendencia nos mandó al profesor Jorge Schellemberg, estuvo con nosotros y formamos un coro. Ensayábamos en la Biblioteca.

¿Qué recuerda del antiguo Piedras Blancas?

Piedras Blancas era todo granja. Ahí en la Quinta de Batlle era todo campo, todo cancha de fútbol. Antes para tomar un taxímetro acá había un señor que hacía de taxímetrista y tenía un coche. Yo me acuerdo una vez,con la primera hija que nació, mi señora se sintió mal y fuimos a buscar un taxi y no pasaban, no había como ahora. Y fui a lo del vecino, se levantó, la llevamos al sanatorio y tuvo a la criatura. Estaba el tranvía, el 17, que venía del centro que ahí daba la vueltita y después agarraba otra vez.  Había un valor humano importante, se dormía con la puerta abierta, si había fútbol se armaba alguna cosita, se armaba baile en la calle. Yo siempre digo, Uruguay tiene un problema social, yo  creo que todos tenemos que reconocer eso, ese problema social que tenemos, hay por eso que poner un poquito el hombro.

¿Nunca pensó en volver a Italia?
No, no. Fui cuatro veces. Me gusta el Uruguay, adoro. Tenemos un país hermoso, hermoso.

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